Travesía primaveral recorriendo el bosque entre Castroviejo y Revenga, visitando las cuevas de Covagrande y Covernantes, la Necrópolis de Cuyacabras y cueva de San Andrés.
Un mes y 2 días después de la ruta entre Arbujuelo y Somaen, donde hoyamos una vez más el Sendero Ibérico Soriano GR-86, nos vamos "en diagonal" a la otra punta de la provincia, al muy conocido y visitado -con frecuencia también por nosotros- paraje de Castroviejo
Y toca otro "madrugón" aunque esta vez lo es menos: puntuales a las 7 nos presentamos 8 Sanbures, somnolientos, motivados y colocados en el bus camino del Burgo, donde recogemos a los 3 restantes; y de ahí carretera a Duruelo y más allá a Castroviejo.
Llegados a Duruelo nos desviamos hacia Castroviejo pero no paramos en el aparcamiento; el bus se aorilla para "descargarnos" apenas medio kilómetro más allá. Nos pertrechamos diligentemente para la nueva ruta. La temperatura es ideal, no hay nubes en el horizonte, ¡"hace un día espléndido ©"!: la jornada de montaña promete.
Enseguida nos adentramos en el tupido bosque que nos envuelve con sus sombras resguardándonos del sol, que ya "pega" de buena mañana. Encaramos una subida exigente para empezar, zigzagueando entre los pinos, preludio y "aviso" de lo que nos espera el resto de la jornada.
Tras media a la sombra del pinar la senda nos saca a cielo abierto y nos topamos con el primer "hito" del día: la cueva de Covagrande, oblonga y profunda y situada en la base de un enorme bloque de piedra caliza. En el interior resto de deposiciones ovejiles sugieren un uso frecuente como majada.
Continuamos en ascenso hacia el noroeste rodeando la gran afloración de roca hasta salir a una pista de tierra que a los pocos metros nos lleva hasta el puente de los Covernantes que salva el río Triguera. El terreno boscoso es "rompepiernas" y da poca tregua. Cruzamos el puente y al otro lado el "track" nos lleva por una senda río arriba, atravesando una zona "recreativa" algo escarpada hasta alzanzar el segundo "hito" del día: la cueva de Covernantes. Esta segunda gruta también en la base de un gran bloque de piedra caliza es en forma de tunel, pasamos al otro lado y tras "asomarnos" al cauce del río, estimamos conveniente subir por una oportuna escalera de madera al mirador. Nos encotramos en una enorme "esplanada de roca" que nos ofrece unas privilegiadas vistas de la cuenca del río Triguera. Seguimos esplanada arriba, hacia el norte, pero a los pocos metros nos damos cuenta que por ahí no hay salida fácil. Deshacemos nuestros pasos de nuevo escalera abajo y encontramso un sendero que discurre subiendo por la cuenca del Triguera, adentándronos de nuevo en el pinar en dirección norte.
Son las 11:00h aproximadamente y alcanzamos el punto más alto de la ruta a poco más 1600 m de altitud. El ritmo es lento por la orografía del terreno, el calor y la dificultad de avanzar por un bosque denso lleno de matorrales. Llevamos 2 horas de caminata, vamos algo agotados y el subconsciente nos dice "almuerzo".
Salimos al fin a un claro del bosque, a otra "prominencia" de roca caliza de nombre Peña Piquillo. Allí encontramos un sitio cómodo y a la sombra para esperado y reconstituyente almuerzo. El paraje no se elije al azar: justo a unos metros se encuentra la Peña el Vaso, un ancho pilar de piedra coronado por un sombrero en forma de cono invertido. Un "capricho" de modelado kárstico.
Tras el almuerzo y visita a la Peña el Vaso -donde hacemos la usual foto de grupo- continuamos nuestra marcha: son ya las 12:30h ¡Nos alcanza el mediodía y apenas hemos hecho la mitad del recorrido!
Entramos de nuevo al bosque y el camino ya va en claro descenso. El comienzo de este tramo saliendo de Peña Piquillo es pronunciado y a estas alturas de la ruta un castigo para nuestras torturadas rodillas.
Desembocamos al rato a una ancha pista junto a una explotación ganadera, nos vemos escoltados a ambos lados del camino por vacas que pastan tranquilamente mientras nos vigilan al pasar.
Estamos a pocos metros del cartel que nos anuncia el cuarto hito del día: la necrópolis de Cuyacabras, que todo el que pasa por aquí está "obligado" a visitar. Casi 200 tumbas excavadas en roca arenisca, todas orientadas a la salida del sol, avivan nuestra imaginación. Valoramos el esfuerzo que debió suponer tallar la roca con las rudimentarias herramientas de hace mil años.
Tras dejar atrás la necrópolis la senda y las señales nos llevan al Eremitorio Rupestre de Cueva Andrés, que nos deja algo decepcionados al encontrar sólo una enorme roca donde se supone había una cueva arreglada en vivienda de eremita.
Sin mucha demora continuamos. El tramo hasta salir de nuevo a la pista de tierra es una pronunciada cuesta que nos obliga a un nuevo sofocón. Nuestro caminar ya es "cansino" por el calor y los kilómetros acumulados: toca hacer alguna que otra parada buscando la sombra.
Más adelante la senda se bifurca en dos y no tenemos claro que camino tomar. Ya se ve Regumiel de la Sierra al fondo. Nos cruzamos con un rebaño de cabras, que deben ser frecuentes por aquí y tras un pequeño "destrepe" salimos de nuevo a una senda que desemboca en otra pista que ya nos conduce sin "fallo" al área recreativa de Revenga. Al lado del camino está la necrópolis de Revenga, que dejamos sin ver por falta de tiempo. Son más de las 3 de la tarde y ya vamos tarde a nuestra cita con el restaurante.
En el prado de Revenga terminamos nuestra aventura: la oportuna fuente junto al parking es el sitio perfecto para quitarnos el polvo del camino, refrescarnos y cambiarnos. Al rato subimos de nuevo al bus, camino de Duruelo de la Sierra y al restaurante Torreblanca, al que tantas veces hemos ido cada vez que visitamos la zona y que ha sido reformado recientemente. Allí nos espera una contundente y reanimadora comida que nos sirven presta y atentamente. Es el remate ideal a nuestra aventura por los pinares soriano-burgaleses.
Otra más para la mochila! Baño de naturaleza en plena primavera que ya "huele" a verano.
¡Salud y montaña!
D Alonso mayo 26











